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Encender una vela no es acto trivial. Casi siempre la encendemos por algo o para algo. Como lo hacían nuestros antepasados. Como lo hacemos ahora. No es un jugar con el fuego alegremente sin ninguna finalidad. Desde los albores de los tiempos el fuego ha tenido un vínculo muy estrecho con la humanidad y se ha manifestado de muchas y diferentes formas. Fue adorado y utilizado en las primeras expresiones de signo religioso cuando la llama era considerada como la expresión material de una divinidad; se ha hablado de él y de cómo llegó a la humanidad en casi todas las mitologías. Prometeo, por poner un ejemplo entre muchos, robó la llama del monte Olimpo para entregársela a los humanos. Los griegos rendían culto a Hefesto, dios del fuego, y los celtas oraban a Bridget, diosa del fuego del hogar y la fertilidad. Incluso Empédocles, filósofo griego del siglo V a.C. consideró al fuego como uno de los cuatro elementos de los que están compuestas las cosas, los otros tres son tierra, aire y agua.

Esa fusión entre el fuego y el hombre ha pervivido hasta nuestros días hasta el punto de convertirse en el motivo principal de algunas celebraciones. Por ejemplo, en algunos pueblos de España durante la noche del 16 de enero se celebra una fiesta en honor a San Antón que consiste en encender luminarias por las calles y jinetes y caballos desafían al fuego saltando las llamas para quemar las malas influencias y demonios al mismo tiempo que purifican y protegen de enfermedades a sus animales. Es muy posible que esta costumbre arranque de la fiesta del primero de mayo que celebraban los celtas con motivo de la llegada del buen tiempo. Para ello los druidas encendían hogueras que eran atravesadas por el ganado y de esa manera evitaban que padeciesen enfermedades durante el año. En otros lugares se sigue conservando la costumbre de caminar sobre el fuego, ceremonia que se ha practicado por muchos pueblos en todas las épocas.

Otro ejemplo lo tenemos en el encendido de hogueras por calles y plazas que realizaban los campesinos de toda Europa la Noche de San Juan posiblemente para garantizar que sus cosechas fuesen abundantes. Se considera que esta celebración es continuación de las fiestas y ritos paganos del pueblo teutón quienes en la víspera del solsticio de verano pedían de esta manera fertilidad para sus campos. Hoy en España se sigue celebrando La Noche de San Juan durante la noche del 23 de junio en la que se encienden hogueras y los estudiantes queman los apuntes escolares de todo el año. Hay miles de ejemplos. Otro de ellos podría ser la actual fiesta española de las Fallas de Valencia, también de origen pagano, que se remonta a la época en la que los valencianos encendían hogueras en honor al dios Saturno para celebrar el principio de la primavera.

El fuego ha estado y está presente en nuestras vidas de una o de otra forma y casi siempre hay un rito asociado a él, una celebración, una petición, un deseo que queremos que se cumpla. En nuestros días muchas de las actividades que realizamos las acompañamos con el uso del fuego y de las velas. Encendemos una vela al santo de nuestra devoción, portamos velas en las procesiones de Semana Santa, acompañan a los difuntos cuando su alma ha abandonado el cuerpo, incluso encendemos velas la noche que celebramos una cena especial, festejamos nuestro cumpleaños o intentamos que la llama olímpica no se apague.

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