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AmatistaDentro de las piedras semipreciosas o gemas, la amatista ocupa un lugar destacado por sus propiedades mágicas para curar el alcoholismo. Su nombre, procedente del griego, significa “sin embriaguez”. Se dice de ella que cuando se lleva en forma de amuleto la persona queda protegida de cualquier borrachera ya que tiene la propiedad de absorber el alcohol de la sangre. Este vínculo entre la amatista y la sobriedad arranca, una vez más, de una leyenda que nos viene de la antigüedad de manos de Aristóteles quien nos explica a modo de fábula el origen de la virtud antialcohólica de esta piedra. Según nos cuenta el filósofo griego, durante una de las orgías etílicas que Dioniso, el dios griego del vino, acostumbraba a organizar, secuestró a una bella ninfa llamada Amatista con el deseo de poseerla. Ella, deseosa de librarse de los brazos del dios, suplicó a la diosa de la castidad Ártemis para que la ayudase, y ésta, escuchando sus plegarias, la convirtió en una brillante joya. Dioniso, avergonzado de sus actos recuperó la serenidad y coloreó la piedra de un tono violeta pálido, el color de su vino predilecto, jurando que todo aquel que llevase esa piedra estaría libre de los insanos efectos del alcohol y protegido de los modales licenciosos de un borracho.

Pero la amatista no sólo nos protege del carácter libidinoso y orgiástico de Dioniso, sino que tiene otros muchos poderes ocultos. En otras culturas se le otorga otras facultades y se la conoce con otros nombres. Así se la llama “piedra de la curación” porque protege el sistema nerviosos, es buena contra la neuralgia, los coágulos de sangre y el cáncer; “piedra de la paz” porque ayuda contra el estrés, las depresiones, el agotamiento mental y la violencia, repele la energía negativa, reduce los temores, cura la histeria, equilibra las facultades mentales, y si la ponemos debajo de la almohada produce un sueño pacífico y prolongado evitando el insomnio; “piedra del amor” porque, según se cuenta, San Valentín la llevaba consigo, y se considera que da buena suerte en el amor y es uno de los mejores obsequios que pueden ofrecerse los amantes. También se piensa que previene la pérdida de energía, aumenta la vitalidad, fortalece el intelecto, contrarresta los pensamiento inmorales y da buena suerte en los negocios.

La amatista, esa piedra semipreciosa de cuarzo transparente, entre violeta y púrpura es considerada también por la tradición cristiana como símbolo de la humildad por su color, por ese motivo fue adoptada por los obispos, dado que la modestia es una virtud que debía y debe caracterizar a todo ministro de la Iglesia. Durante la Edad Media se fabricaron muchos rosarios con esta piedra que eran buscados incluso por los budistas porque según la tradición eran muy eficaces para frenar las pasiones. Dentro de la litomancia o forma de adivinación que utiliza las piedras preciosas y semipreciosas para realizar las predicciones, la amatista simboliza la confianza, la admiración, el respeto y la perspicacia. Esta gema ha fascinado desde siempre al género humano no sólo por su belleza y su exotismo sino por el halo misterioso que la envuelve y por sus poderes curativos y beneficiosos. La amatista, además, está asociada al signo zodiacal de Piscis y por ello tiene además la facultad de potenciar los aspectos positivos de este signo y disminuir los negativos.
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