El Jade
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Desde los albores de la civilización, a pesar de las grandes vicisitudes a lo largo de la historia por las que ha pasado el pueblo chino, el sentimiento hacia el jade y la tradición de la artesanía han sobrevivido al paso del tiempo.

Ya a finales del período Neolítico, entre 4 mil y 7 mil años, los gobernantes que poseían poderes religiosos y militares crearon objetos de veneración y poder hechos en jade.

La posición de un individuo en la sociedad antigua estaba determinada por su nivel de percepción, a su vez relacionada con su unión a lo sobrenatural, siendo un elemento imprescindible el jade por sus propiedades, forma y simbología, ya que de esta manera dominaban las fuerzas místicas o energías sutiles con las que se unían al reino espiritual y participaban de la sabiduría divina.

 

El ritual de oración establecía canales de comunicación entre lo mundano y lo espiritual, y fomentaba las relaciones armoniosas en la sociedad.
Siendo uno de los elementos principales de estos rituales el jade por sus propiedades y su simbología (formas).

Desde tiempos precolombinos, la trascendencia del jade en las civilizaciones mesoamericanas quedó plasmada en sus expresiones ceremoniales y decorativas.

Durante mucho tiempo a los olmecas y su cultura ha sido considerada como la cultura madre de la civilización mesoamericana y se distinguieron como expertos talladores de jade en cuentas, figurillas y hachas, estas últimas estrechamente relacionadas con el simbolismo del maíz y la fertilidad agrícola.

Para olmecas, mayas y aztecas, el jade concentraba las fuerzas divinas y valía más que el oro.

El jade más apreciado fue el verde esmeralda translúcido, piedra que los aztecas posteriormente llamaron quetzalitzli, término que se refiere tanto a su semejanza en color con las plumas de quetzal como a su transparencia semejante a la de la obsidiana, itzli.

También Los Maori, llamados así lo primeros habitantes de Nueva Zelanda, tierra de la larga nube blanca, en sus leyendas y tradiciones orales, hacen distinción entre los seres humanos mortales, las divinidades y los espíritus, usaban la variedad nefrita del jade para tallar figuras de sus dioses ancestrales, y llevarlas como protección.

Es decir para culturas ancestrales en diferentes continentes, una combinación apropiada entre la forma que esta tallado el jade y las propiedades sus naturales, hacen que sean herramientas muy potentes a la hora de armonizar el entorno y hacernos llevar una vida más tranquila.

En la actualidad, en Europa, se han considerado todas las cualidades del jade y ahora es muy solicitado como amuleto de buena suerte, de eliminación de malas energías, tanto a nivel personal como para la casa, el entorno familiar, el trabajo, la salud, la economía etc....


También en China y el mundo oriental, los amuletos de jade en sus diferentes formas constituyen eficaces amuletos para el amor y también es el favorito de los hombres de negocios, ya que llevar o portar un fragmento de jade antes de firmar cualquier negocio es signo de buena suerte y consecución de los objetivos.